Nunca he sabido decir tan bonito como Chaouen que la vida duele, por cuerda y por loca, y porque la piel no es materia inerte.
Que la vida, como con miedo, hay veces que tiembla, también por los latidos que tú provocas.
Y que ríe, porque para ella somos tan leves… y que vive, porque el querer es vivir con creces.
Nadie como Chaouen dice que cada uno en su camino y destino, va cantando sus soles y espantando sus penas. Desde la trinchera, con poquito aire en el pulmón, tiramos piedras y contruimos castillos en el cielo. Si vienen guadañas, daros un beso a todos. Porque si todo es semilla, no duele tanto la astilla que sangra del costado, aunque necesitemos ratos de ventana, con los pies del otro lado, fumándonos mañanas, porque nadie sea absuelto por no quererse.
Gracias maestro Chaouen.